sexta-feira, 2 de março de 2012

LA IGLESIA DEBE COMBATIR LA MENTIRA EN SU INTERIOR Y EN EL MUNDO

Ciudad del Vaticano, 2 marzo 2012 (VIS).-Durante las meditaciones del retiro espiritual de cuaresma en el que participan estos días el Santo Padre y la curia romana, el cardenal Laurent Monsengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa (Congo), está desarrollando el tema “La comunión del cristiano con Dios”. Partiendo de la señal de la Cruz, el cardenal ha reflexionado sobre Dios como vida, luz, verdad, misericordia y guía amorosa, para tratar luego el amor del mundo, la falta de fe en Cristo y el pecado del sacerdote.
La señal de la cruz es mucho más que una costumbre, es un acto “con el que añadimos a cada acción el esplendor de la conciencia, el dinamismo de la libertad”. Es un signo que significa “sacrificio por amor: es la muerte para la resurrección”. Implica, por tanto, la renuncia a la vanidad, al deseo de prestigio, de poseer y dominar, para consagrar el propio obrar a Cristo.
En el contexto de las meditaciones sobre Dios como camino, verdad y vida, el cardenal Monsengwo Pasinya se ha referido a algunos de los fenómenos más dramáticos que caracterizan nuestro tiempo, como guerras, genocidios, violencia política, aborto y todas las formas de instrumentalización del ser humano; y ha invitado a no permanecer indiferentes ante “la represión y la explotación del hombre por el hombre. No hay que bajar la guardia, incluso si el misterio del pecado parece que nos supera”.
“Es preciso caminar en la luz, es decir, decidirse a abandonar el pecado” para dejar que la Verdad transforme la propia vida mediante un camino de “conversión siempre renovada”. La comprensión de Dios como verdad interpela sobre todo a quienes “ya no tienen conciencia de sus pecados, a quienes han perdido el sentido del pecado porque han dejado de plantearse el problema de Dios”; así como a aquéllos que no poseen criterios de moralidad y confunden el bien con el mal. Esta tendencia está relacionada con el “indiferentismo religioso que afirma que todas las religiones son válidas, pero que en realidad quiere una moral fácil”.
El cardenal ha advertido que los sacerdotes tampoco están libres de estos errores, “en la medida en que la aridez espiritual los conduce a menudo a los mismos defectos. El ministerio sacerdotal se transforma entonces en funcionariado, sin un verdadero sentido de Dios”. En una meditación sucesiva, Mons. Laurent Monsengwo Pasinya puso como ejemplo el caso emblemático de los apóstoles Pedro y Judas. El primero, de ánimo generoso, “cayó porque fue temerario y se expuso muy de cerca al peligro. Pero en seguida abandona el lugar de su caída y llora amargamente su pecado”. Se puede extraer de aquí una lección para todos los sacerdotes: “Nuestra generosidad no nos pone a salvo del pecado. Es preciso tomar medidas prudentes y no ser temerarios exponiéndose a las caídas. En toda situación, pase lo que pase, el Señor está siempre a nuestro lado. La mayor injusticia que podemos hacerle es dudar de su misericordia, como Judas”.
“Vivir en la verdad -ha subrayado- es vivir según las bienaventuranzas. Es rechazar la mentira en nuestras palabras y acciones, y repudiar la hipocresía que nos empuja a aparecer de modo diverso a como somos”. También la Iglesia debe combatir la mentira y el engaño en su interior y en el mundo, y luchar “para que la Verdad del Evangelio de Cristo sea conocida y vivida”.